La pintura de Carlos Páez Vilaró se nutre de un periplo inacabable de
aventuras y desafíos. Tomando del paisaje y de las diferentes culturas todo aquello que
lo impactó, y plasmándolo a su manera en cientos de cartones y telas, fue enriqueciendo
su obra y tomando coraje para seguir batallando en la búsqueda del arte. Autodidacta, no
le fue fácil sortear e ignorar reglas impuestas dentro de la pintura, para guiarse con
total libertad y descubrir su propio estilo. Con el obstáculo como mayor estímulo, y con
una brillante capacidad de producción, conquistó la admiración y el reconocimiento de
las gentes. Expuso sus obras en museos y galerías del mundo entero. El destino quiso que
en su andar se encontrara con grandes maestros como Pablo Picasso, Salvador Dalí, Giorgio
De Chirico, Jean Cocteau, Jean Cassou, Alexander Calder o Andy Warhol entre otros, que lo
animaron y estimularon cuando daba sus primeros pasos como artista fuera del Uruguay.
Páez Vilaró, seducido por la obra de su compatriota Pedro Figari,
se inició en la pintura, en la década del 40, siendo los temas folklóricos de su país
los que inspiraron sus primeros cuadros.
Escenas camperas, pericones, caballadas y yerras colmaron sus telas,
hasta que la vida del negro uruguayo pasó a acaparar casi toda su producción, al
vincularse al carnaval y sus comparsas lubolas.
Instalado en la pieza "Yacumenza" del conventillo
"Mediomundo", un vetusto caserón habitado por familias de la colectividad
afro-uruguaya,( hoy demolido), pintó decenas de cartones sobre el candombe, las
lavanderas, los velorios o casamientos.
El vigor de su mensaje, la personalidad de esas obras, merecieron
que fuera distinguido por el crítico Jean Cassou, Director del Museo de Arte Moderno de
París, para realizar su exposición en Francia, en la Maison d´Amerique Latine en l956,
en la Crane Kalman Galery de Londres y en la Organización de Estados Americanos en
Washington.
Actualmente sus obras se exponen en el Museo-Taller de Casapueblo,
entidad cultural fundada por el maestro, enclavada en los acantilados que miran al mar de
Punta Ballena en Uruguay.